martes 10 de junio de 2008


Cuando en 1998 vio la luz el libro Verdens sande tilstand [El verdadero estado del mundo]1, hubo quien se apresuró a acusar a su autor, el profesor Bjørn Lomborg, de ser un peligroso hereje o, peor aún, un traidor a los postulados ecologistas, converso al negacionismo del cambio climático. No en vano se trataba de un militante activo de la izquierda, que había sido miembro de la sección danesa de Greenpeace hasta 1987 y que entonces ocupaba plaza de profesor asociado de Estadística en el Departamento de Ciencias Políticas en la Aarhus Universitet [Universidad de Arhus]. De hecho, el citado libro surgió de su esfuerzo por desmontar la denuncia de Julian Simon, quien sostenía que gran parte del conocimiento sobre el medio ambiente se basa en ideas preconcebidas y estadísticas poco fiables que generaban un catastrofismo erróneo. Para enfrentarse al afamado economista —autor de The state of Humanity2, obra con la que acalló las alarmas neo-maltusianas— Lomborg formó un equipo de avezados estudiantes, dispuesto a rebatir las afirmaciones de Simon analizando meticulosamente las fuentes estadísticas manejadas por aquél. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que Simon basaba sus afirmaciones en meticulosos estudios. Fiel a su máxima sobre la estadística como “una de las mejores formas de comprobar si nuestras arraigadas creencias sociales se basan en exámenes cuidadosos o son fruto de nuestros mitos”, Lomborg se vio obligado a replantearse sus creencias en materia de medio ambiente.

Podía haberse dejado dominar por el temor al ridículo y guardar silencio, pero el profesor danés optó por cuestionarse públicamente las creencias medioambientales del pesimismo ecológico, sostenidas por los ecologistas más radicales y difundidas impúdicamente por los medios de comunicación. La discusión desatada tras la publicación de cuatro artículos en el diario izquierdista Politiken le impulsó a recopilar toda la información recabada en el citado volumen. Pero fue la publicación de su versión en inglés por el sello de la Cambridge University [Universidad de Cambridge] lo que provocó que, pese a su densidad, ocupara muy pronto el centro del debate medioambiental. Así, mientras que el semanario Nature publicó una reseña sensacionalista3 acusando al autor de emplear estrategias propias de los negacionistas del Holocausto judío, Scientific American lo culparía en un extenso artículo4 de manipular las pruebas y, por ende, la opinión científica. En cambio, otros medios se manifestaron entusiasmados con el trabajo de Lomborg5. El calor del debate impulsó a los juristas David Schoenbrod y Christi Wilson, de la New York Law School [Escuela de Derecho de Nueva York], a examinar las reseñas críticas con la obra para determinar la validez del testimonio de Lomborg como perito experto en estadística. Tras el análisis de los diferentes argumentos empleados por sus detractores, ambos concluyeron que Lomborg debía ser reconocido como especialista, aunque sus conclusiones pudieran no ser correctas ni sus propuestas eficaces6. En su afán por acallar la voz del disidente, varios científicos elevaron tres quejas al Udvalgene vedrørende Videnskabelig Uredelighed [Comité Danés sobre Deshonestidad Científica], que tras un accidentado debate acabó rechazándolas en marzo de 2004.

Merced al escándalo producido por su obra, el nombre de Lomborg ha quedado íntimamente ligado al escepticismo ecológico, es decir, al movimiento crítico con el fundamentalismo ecologista hoy imperante después de haber logrado traspasar las fronteras que delimitan ideologías políticas, creencias religiosas y posturas filosóficas para imponer su discurso propagandista, que es a la par el sostén de los devotos más ciegos y un rito de supervivencia: la letanía ecologista. El milenarismo de antaño se ha tornado en ecologismo apocalíptico, un arma decisiva en manos de aquellos grupos de interés que, fieles a su propósito totalitario, han hallado en el miedo mayores réditos que aquellos que ya no ofrece la bandera de la revolución proletaria. La creciente pérdida de trascendencia de los valores tradicionales ha generado un vacío que aspiran a ocupar los profetas de la nueva religión del ecologismo, que busca anular la Razón mediante el culto a la Naturaleza y en la que no faltan elementos como el temor irracional, el mesianismo, el sacrificio testimonial, el intermediario o la acción simbólica7. El mensaje catastrofista, reiterado una y otra vez, ha logrado calar profundamente en la sociedad occidental y justificar las más disparatadas propuestas, independientemente de los recursos demandados y sus efectos reales, asumidas acríticamente por la población común e impulsadas irresponsablemente por la clase política del Primer Mundo.



  • definición de la Letanía



La más evidente de las falacias en Lomborg -los ecologistas están equivocados; por lo tanto el medio ambiente está mejorando (non sequitur)- obliga a hacer una reflexión sobre la realidad del ecologismo. La contraletanía productivista se sostiene en una descripción del ecologismo con tres rasgos destacados: (1) catastrofismo malthusiano de connotaciones primermundistas, (2) funcionamiento como un grupo de interés, (3) efecto contrapruducente en la determinación de prioridades sociales y en la buena gestión de recursos escasos.



  • análisis de agricultura, economía, hambre…

  • calentamiento global (enfriamiento, efecto invernadero…)


Pero hay que dejar bien en claro una cosa: el escepticismo no se relaciona con la comprobación de que la atmósfera de la Tierra se ha calentado 0,8º C desde 1860 (nadie lo niega) sino que se refiere a:

1) Que ha sido causado totalmente por las actividades del hombre, y
2) Que tendrá consecuencias catastróficas para la humanidad y el ambiente.



Alcalde, Jorge

Las mentiras del cambio climático

Madrid : Libros Libres, 2007

211 p.

ISBN 978-84-96088-70-2 : 16,00 €


Jesse Ausubel, del Programa de Medio Ambiente Humano de la Universidad Rockefeller en Nueva York y uno de los impulsores de la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima en Ginebra (1979), mantiene la herética teoría de que las energías renovables no son “verdes”. Así, por ejemplo:

  • La energía hidroeléctrica ofrecería un ratio de producción de 0,012 w/m2 de tierra invertida. De esta forma, se requeriría 1 km2 para producir suficiente electricidad para cubrir las necesidades energéticas de 12 ciudadanos canadienses. Las presas dañan los cursos de los ríos

  • La ratio en el caso de la biomasa es aún menor, puesto que se necesitaría 2.500 km2 de tierra cultivable de primera calidad para generar tanta bioelectricidad como la que genera una sola planta nuclear, mientras un solo automóvil requeriría entre 1 ó 2 h de terreno cultivable. Por el contrario, el incremento de cultivos haría frente a la desertización debida al abandono del campo

  • En cuanto a la energía eólica, un área de molinos de viento de 770 km2 no produciría más energía que una central nuclear pequeña, necesitándose una central eólica del tamaño de Texas para atender las necesidades de todo Estados Unidos. Las granjas eólicas producen ruidos de baja frecuencia y vibraciones, interferencias en las ondas, daños paisajísticos y en la fauna avícola, requiriéndose 10 más acero que para una planta nuclear.

  • En cuanto a la energía solar, el consumo eléctrico de Estados Unidos requeriría de una central solar de 15.000 km2, amén del espacio dedicado a las plantas de almacenamiento y distribución. Las plantas fotovoltaicas arrasan grandes paisajes.

Es falso que exista consenso científico sobre el origen antropogénico del cambio climático, si es que está en realidad produciéndose.

El geólogo Sciaky afirma que “Existen miles de razones por las que debemos limpiar nuestro medio ambiente, conservar las fuentes de energía, desarrollar combustibles no contaminantes y limpiar nuestros productos industriales… el calentamiento global no es una de ellas”.

Razones para el alarmismo ecologista: Según Storch, la acción eficaz para evitar el desastre climático debe desarrollarse a largo plazo y el recurso emotivo al alarmismo sólo genera reacciones espontáneas a corto plazo; para mantener viva la llama del compromiso es necesario subir cada vez más los decibelios del altavoz: generar cada vez más miedo.

Sallie Baliunas, astrofísica, afirmó: “El mayor riesgo al que nos enfrentamos en relación al clima es aliarnos con las fuerzas de la ignorancia. La ciencia (en lugar de las creencias populares y los lugares comunes) es la única herramienta que nos permite obtener información veraz sobre el tiempo y el clima.”

Dificultades para conocer la evolución del clima durante el siglo XX: las muestras fiables sólo representan el 20 % de la superficie del globo terrestre, con escasa representación del Hemisferio Sur y sesgos como los producidos por la creciente urbanización en áreas cercanas a las estaciones climatológicas.

  • Óptimo Climático Medieval (siglos IX-XII). Los habitantes de Viejo Continente pudieron cultivar tierras en latitudes más al Norte que nunca (Groenladia = Tierra Verde). Aumento de la esperanza de vida.

  • Pequeña Edad de Hielo (siglos XIII-XIX). Tendencia a la baja de las temperaturas anuales (variables y extremas, con olas de calor), alternancia de sequías e inundaciones. Las plantaciones más al Norte fueron desapareciendo, y los pastizales fueron sustituidos por masas arbóreas. Reducción de la esperanza de vida en 10 años (a los 38 años). Llegada de la peste bubónica a Occidente como consecuencia de la migración desde China de las ratas infectadas y su contacto con los cruzados.

Estas catástrofes favorecieron la institucionalización de la caza de brujas, a quienes se hizo responsables de la expansión de la enfermedad, las epidemias y la miseria mediante el control de los fenómenos atmosféricos. La presión contra herejes y escépticos hizo aumentar el “consenso”, obligando a los gobernantes a actuar en consecuencia.

Causas del cambio climático que dio paso a la Pequeña Edad de Hielo: el tránsito de Venus por nuestra órbita (produciendo un pequeño “eclipse” que reduce la radiación solar que llega a la Tierra en 0,1 %, y las manchas solares, que suponen otra reducción. Esto significa que no pueden desdeñarse las variaciones naturales en beneficio de las explicaciones antropogénicas.

Ejemplo de causa antropogénica: las heladas del Támesis durante la Pequeña Edad de Hielo no tienen su causa en el recrudecimiento del frío sino en el entorpecimiento del curso del río por el viejo Puente de Londres. Demolido este puente en 1831, el Támesis no se ha vuelto a helar.


Ecofascismo

1 Bjørn Lomborg, Verdens sande tilstand, Viby : Centrum, 1998. Existe una traducción al español de la versión inglesa de esta obra, revisada y mejorada: Bjørn Lomborg, El ecologista escéptico, Madrid : Espasa, 2003.

2 Julian L. Simon, The state of Humanity, Oxford : Blackwell, 1995.

3 Stuart Primm, Jeff Harvey, “No need to worry about the future”, Nature 414 (8 noviembre 2001), p. 149-150, disponible en línea en < http://www.nature.com/nature/journal/v414/n6860/full/414149a0.html>.

4 Stephen Schneider… [et al.], “Misleading Math about the Earth”, Scientific American 286 (enero 2002), p. 59-69, disponible en línea en <http://www.sciam.com/article.cfm?articleID=000F3D47-C6D2-1CEB-93F6809EC5880000>.

5 Algunas de estas reseñas laudatorias son: “The truth about the environment”, The Economist (2 agosto 2001), disponible en línea en <http://www.economist.com/science/displayStory.cfm?Story_ID=718860>; Nicholas Wade, “Scientist at work. Bjorn lomborg : from an unlikely quarter, eco-optimism”, The New York Times (7 agosto 2001), disponible en línea en <http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?sec=health&res=9405E3D6113CF934A3575BC0A9679C8B63>; “The Greens have got it wrong”, The Daily Telegraph (25 agosto 2001), disponible en línea en <http://www.telegraph.co.uk/arts/main.jhtml?xml=/arts/2001/08/25/bogren25.xml>; o Denis Duton, “Greener than you think”, Washington Post (21 octubre 2001), disponible en línea en <http://www.washingtonpost.com/ac2/wp-dyn?pagename=article&node=&contentId=A12789-2001Oct18>.

6 David S. Schoenbrod, Christi Wilson, “What happened to the skeptical environmentalist”, New York Law School Law Review 46, 3-4 (2002-2003), p. 581-614, disponible en línea en <http://www.nyls.edu/pdfs/v46n3-4p581-614.pdf>.

7 Adolfo Miranda, “Ecologismo y ficción : acción simbólica y mirada apocalíptica en Greenpeace”, Cuadernos de Información y Comunicación 12 (2007), p. 137-150, disponible en línea en <http://www.ucm.es/BUCM/revistas/inf/11357991/articulos/CIYC0707110137A.PDF>.

sábado 26 de mayo de 2007

Otro ejercicio

Ejercicio de mapa del curso

Cuando acabemos el curso, cada uno volverá aquí:


pena20 - Tagzania

Localización de las Bibliotecas Municipales de Burgos

Ahora estamos en Peñaranda de Bracamonte, pero habitualmente trabajamos en las bibliotecas del Instituto Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos. Aquí puedes localizarlas.


imc - Tagzania

viernes 25 de mayo de 2007

Los enlaces

Esto puede ser una prueba para enlazar, desde un post de una bitácora, con contenidos procedentes de una web institucional. Por ejemplo, éste es el acceso a nuestro catálogo.

Seguimos practicando


Ahora creamos una segunda entrada, porque una casa con una sola puerta será fácil de guardar, pero es un poco vulgar, ¿no os parece?
Bueno, esto no es una casa, pero al menos sirve sirve para practicar con las imágenes, al menos.

Bienvenidos

Al fin nos vemos las caras... Atrapados en esta dichosa red, hemos andado dando vueltas sin encntrarnos, hasta ahora.